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domingo, 23 de noviembre de 2008

¿Jugamos?


Un dia culaquiera de un mes cualquiera de un año cualquiera, andaba sola por la calle desierta envuelta en sus pensamientos. El aire ahora frío, le cortaba el rostro y sonrosaba sus mejillas convirtiendo en humo su aliento. La luz adormecida de las tristes farolas iban marcando su sombra y desde el cielo la observaba taciturna la luna, cómplice quizás de sus añoranzas. A lo lejos, una música alegre bañaba el silencio tiñéndolo de madrugada incierta. Sus tacones iban marcando el suave galope de corcel asustado con el cúal dictaba su ritmo taciturno. En la mente un solo pensamiento la acompañaba y hería de muerte su espíritu otrora fuerte y guerrero. Unos faros la deslumbran y se averguenza al pensar que la luz puede desvelar sus intenciones.
Calles y pasos la van conduciendo a su destino y cada vez teme más no ser capaz de hacerlo. Por fin aparece al fondo, dormido de tempestades pasadas el que será, en este día su verdugo. Temblando de frio y miedo agarra los barrotes del balcón que será su tumba y con decision trepa al muro donde otros ya se lamentaron. Desde abajo, el agua serena le brinda un guiño amable, mientras el viento que sube le despeina el cabello y le mesa el vestido, y se queda muy quieta, hiptonizada, paralizada, arrancando fuerzas de sus intestinos para hacerlo.
Mira una vez más al cielo esperando respuesta, pero sabe que dios hace tiempo que le dió la espalda, le da las gracias en silencio y susurra un perdon que solo la oscuridad percibe, y justo cuando salta se da cuenta de que ya es libre, por eso no grita, no se siente asustada, no teme al dolor al menos hasta ese preciso instante en que su cabeza se estrella contra la fría piedra y sus pensamientos se rompen en pequeños fragmentos que no logra unir. No entiende porque no puede moverse, no logra comprender porque se van apagando luces a su alredor, ¿a que viene esto? se dice, quien me está matando, ¡dejame vivir! y entonces lo ve claro, ella saltó y ahora se muere y todo se queda vacio y de nuevo repite un perdón que se mezcla con la sangre que brota de sus labios y que está vez ni ella misma entiende. Perdón por haber sido cobarde y no haber querido luchar, por saber que ahora los suyos la lloraran y la sabrán perdedora en este juego de la vida.
Nada, eso es lo que le queda ahora, ni luces blancas, ni ese prometido paraiso, ni ese maldito infierno, nada, ha sido descalificada y comprende que no solo se ha librado de los problemas, sino que ha dejado atrás las pequeñas cosas que la hacian feliz. No puede sino odiarse a si misma en su último aliento por haberse condenado por voluntad propia, a una oscuridad peor de la que quería dejar atrás.


Espero seguir jugando hasta que se me agoten las fichas, porque no comprendo a aquellos que abandonan antes la partida.................eva