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miércoles, 13 de junio de 2007

Sensaciones



Esta noche mientras escuchaba embobada las historias de Carmen, me han asaltado algunas sensaciones, al principio agradables, pero que luego me han dejado el resquemor del miedo.

El cielo como único testigo, a varios metros bajo nosotras, conductores sin rumbo que no podían ni imaginarse que estuviesémos sentadas en esa terraza. Olor a campo y retazos de verano que la fria brisa se estaba encargando de estropear para avisarnos de que aun no piensa dejarnos obligándonos a llevar sudaderas. Bajo la luz de las velas, apostadas en esa mesa y sillas sacadas de una típica foto de revistas como el mueble o casa jardin. En la mano una copa de rioja, con el estómago lleno y al humo de los cigarros a sido tiempo de confesiones, tiempo de desempolvar los viejos baules de la memoria y contar historias de antaño en tono de broma.

Ha sido un momento extraño, porque por un lado nos estábamos presentando, abriendo a las demás la puerta que lleva a nuestra historia, pero por otro, sin olvidar el amargo trago de la despedida de la que se marcha, en este caso yo y me sentía culpable, egoista por romper el vínculo que nos mantiene unidas. Aunque supongo que la vida es eso, un eterno ir y venir de personas que de una forma u otra nos deja marcados, estampando a fuego su huella en nuestro vagaje personal.

Sentada alli, oyendo en silencio y mirando al campo, he agradecido estar ahi en ese momento, saboreando el vino, acariciando con los dedos al gato, respirando aire puro y temiendo que esa sensación pasara, la de completa y absoluta paz.

Dicen algunos hombres que no entienden a las mujeres y yo digo que es que no se han molestado en escucharnos, otros dicen que somos complicadas y digo yo que cuando la felicidad de una mujer está escondida en una sonrisa, en una palabra amable o en una sola sensación, lo único complicado es molestarse en encontrarla.

La sabiduria, la belleza, la cultura, la literatura, la poesía, la música.... todas femeninas, porque todas nacieron de las sensaciones que un día inspiraron o sintiieron las mujeres, porque por muy erudito que llegue a ser un hombre nunca alcanzará la sabiduria de una mujer, la picaresca, los trucos, el arte de engatusar, la maestría del engaño, el poder, la fuerza interior, la valentía y la independencia de una dama.

Una mujer soporta el dolor y arranca de sus entrañas lamentos que a un hombre dejan sin sentido, y sacan las uñas donde los hombres esconden el rabo, y se arremangan para emprender tareas que al varón resultan laboriosas e inventan cuentos imposibles de princesas rescatadas por héroicos caballeros, sin que lleguen nunca a sospechar que en realidad fueron ellos los rescatados, para no herir el orgullo masculino, el alter ego del macho poderoso, del revoltoso cabrío que se cree invencible, pero que se doblega ante una caricia en la nuca o un suspiro femenino.

La historia nos habla de diosas ligadas a sentimientos como el amor, y dioses cuyo báculo es la fuerza, pero ¿que hay más poderoso que el arte de dominar los sentimientos? Nada amigas mias, nada, a ver cuando aprendemos a creernos que la fuerza de la humanidad reside en el seno femenino, que la sabiduria la encierran los ojos de nuestras ancianas, que el dolor no puede ni pudo nunca vencernos, que somos dueñas de nuestro destino, libres de elegir y diosas poderosas capaces de emprender el camino más arduo con la única defensa de nuestras palabras.


Escuchandoos hoy me he sentido poderosa, dueña de mi destino y fuerte por saberme rodeada de mujeres ni mas ni menos que como yo, luchadoras que siempre os levantais de las que se lamen las heridas y siguen adelante, de las que no se lamentan, de las que asoman la cabeza más allá del universo inmediato y exploran otras caras de luna.


¿Feminista yo? si piensas eso es que no has entendido nada....

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