
Cuando veía carnavales sentada en una butaca de un teatro, no conseguía ni por asomo imaginarme, lo que se podía sentir al otro lado del telón; hasta que este año cuando estando en bambalinas y escuchando como el murmullo del público se va apagando para dejar paso a tu voz, se te revuelven las tripas, un escalofrío te recorre y se te encoje el sentío esperando a oscuras que las cortinas se abran. Se hace eterno el silencio contenido hasta que la primera nota de la guitarra nos saca del letargo para devolvernos a la vida y rasgar las sombras con tu garganta y un estallido de luz te ilumina el semblante y notas como te da un vuelco el corazón.
Tampoco pude nunca sentir el cosquilleo de los nervios justo antes de salir y enfrentarme a un atril, pero no uno cualquiera, sino a ese que además me unia el dolor del recuerdo y mirar de frente a unas gentes que solo me escuchan a mi y que han puesto en mis palabras todas sus esperanzas y conseguir que no se me quebrara la voz, que no se rindiera el espíritu, para terminar recibiendo el cariño y reconocimiento de los presentes en un cálido aplauso, que a mi se me hizo eterno.
Hoy, de vuelta del Puerto de Santa María, dejando atrás las luces y la magia que siempre encierra una feria, comparaba estos sentimientos con los que me asaltan ahora y me siento ingrata, es como si de repente me hubieran abierto una ventana a mundos distintos a los que nunca pensé si quiera en asomarme. Y me siento cobarde y arrepentida, pues de nuevo los prejuicios me habían jugado una mala pasada.
Hoy llevada de la mano de Mari he conocido un mundo nuevo, una forma de vida desconocida. Siempre me imaginaba el mundo de la feria como algo sombrío, supongo que como me lo habían pintado, a quien no le ha dicho su madre o su abuela de pequeña que tuviera cuidado con los feriantes que eran unos sinverguenzas..
Que gran injusticia llevo cometiendo tantos años, la feria es un mundo maravilloso y la gente que he tenido la suerte de conocer son simplemente humanos, con sus virtudes y sus defectos, pero a los que anoche no les importó compartir conmigo mesa para la cena, gente a la que en otras circunstancias seguramente ni siquiera habría mirado y ni mucho menos conocido, gente que les bastó oir "es una amiga de Ronda", para ya considerarme amiga, personas de las que a veces nos creemos superiores porque no llevamos vida de nómadas, pero que os puedo asegurar que ayer yo me sentí muy pequeñita rodeada de gente tan grande.
Gracias Mari por invitarme a tu mundo de sevillanas y neón.
1 comentarios:
Jo q envidia! Si me hubierais llamado media hora antes hubieramos estado juntas en la feria! y na menos que la del puerto!
Respecto al blog, te doy toda la razón. Hay gente buena y mala en tos laos, no hace falta q sean ni feriantes, ni inmigrantes, ni gitanos para q sean buenas o malas personas. Yo tengo una teoria en cuanto a la mala fama de los feriantes: normalmente,ganan bastante dinero,porque son mu currantes y eso despierta la envidia de la gente que pa joder los discrimina diciendo que no son personas de fiar, a ti que te parece? Un beso enorme, manita.
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